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Carlos Aires
Autor: Xurxo O. / Fotos: Carlos Aires

Blabla: Veamos, eres andaluz y te has recorrido medio mundo en estos años. Y parece que has establecido tu residencia en Amberes. ¿Estamos ante un nuevo caso de artista español obligado a huir por falta de valoración en nuestra España? Si es así, entonces me pregunto ¿para qué han hecho un museo de arte contemporáneo en todas las ciudades medias del estado si todos los creadores se largan?


Carlos Aires: Me fui a estudiar fuera de España cuando tenía 24 años porque pensé que si no lo hacía entonces no lo haría nunca, con un pésimo inglés y sin beca de estudios. Tenía ganas de ver otras ciudades y otras culturas. No tenía nada que perder y me alegro de haberlo hecho. No es una cuestión de falta de valoración, es una falta de infraestructuras, profesionalidad y ganas. Poco a poco uno entiende lo politizado que está todo en España: en los últimos años se ha apoyado mucho a artistas catalanes y vascos pero casi nada a andaluces y esa es una realidad que hay que afrontar por muy naif que uno sea. La simple idea de hacer estas divisiones “autonómicas” me parecen absurdas. Por ejemplo, el año que viene sólo habrá una galería andaluza en Arco, lo cual explica como está el asunto. En el sur de España hay artistas con una obra impresionante que deberían de tener mucho más apoyo y proyección, nacional e internacional. Igualmente los comisarios deberían asumir responsabilidades en todo esto y abusar menos del “colegueo”; gran deporte nacional.
En los últimos años muchas ciudades españolas querían un Guggenheim y se han construido muchísimos museos. Volvemos al “politiqueo” mediocre que antes mencionaba: estos museos no tienen colecciones ni programaciones interesantes, pero eso parece no tener importancia. Después de que aparezcan en prensa las fotografías de inauguración y se coloquen las medallas, estos edificios se convierten en huecos panteones. Parte de estos enormes presupuestos se podrían destinar a crear en vez de enterrar. Por suerte hay excepciones como el Musac.

B.B.: Esto de ser fotógrafo artístico… ¿Cómo se vive? Quiero decir, ¿eres de esos que va armado con su cámara por si surge el arte de cualquier esquina?
C.A.: Pues vivo como cualquiera. Yo no me considero un fotógrafo, simplemente un artista, a pesar de las connotaciones folklóricas que aún tiene esa palabra en España. Las fotografías que realizo están muy estudiadas antes de pulsar el botón de la cámara. Casi todas las imágenes están realizadas en un pequeño estudio portátil. Otra cosa son las fotos de la serie “cruising”, realizadas en parques o bosques donde gays y prostitutas realizan todo tipo de prácticas sexuales. Como son exposiciones de aproximadamente 30 minutos no aparecen las personas que pasan delante de la cámara y la película capta mucho más de lo que mis ojos ven, creando una iluminación y colores muy teatrales. Uso una cámara de formato medio y es algo grande para llevarla colgada al cuello todo el día.

B.B.: No puedes negar que has tenido tu momentazo de gloria y repercusión cuando sacaron esos paneles por las calles de Viena, con fotos de personas con caretas de dirigentes europeos en posiciones pseudoporno, (saliste hasta en Tele5), tú mismo has admitido tu sorpresa. Pero ahora que no nos oye nadie, ¿fue tal la sorpresa?, ¿cómo lo viviste?
C.A.: Nunca fue un momento de gloria y soy consciente de que siempre se me relacionará con esas fotos. Sinceramente, no creo que me trajese nada bueno, independientemente de que muchas personas le preguntasen al señor Google por mí. Lo mejor fue entender un poco mejor cómo funciona todo el sistema mediático.
La sorpresa fue extrema, de veras. Yo he estado desarrollando mi obra desde hace años y me parece extraño que una obra como ésta provocara tanto ruido. Estas fotografías no fueron más que una “travesura” de la cual ni me excuso ni arrepiento. Era un proyecto “in situ” con unas características muy concretas: el espectador vería tres imágenes que rotaban cada pocos segundos en una valla publicitaría desde un coche en movimiento. Es decir, que pensé hacer algo que se viese en unos segundos, que fuese divertido, relacionado con la presidencia de Austria en la Comunidad Europea… y que levantara un poco la temperatura en el nevado paisaje vienés. Eso sí, ni el comisario ni yo nos imaginábamos el lío que se iba a montar.

B.B.: Aunque no voy a caer en el topicazo de preguntar si tienes memoria fotográfica, me imagino que como fotógrafo guardarás un buen archivo en la cabeza. Cuéntame una imagen que se te haya quedado metida en el coco, por la razón que sea.
C.A.: Creo que, independientemente de ser fotógrafo o no, lo importante es observar y pensar en lo que uno ve, sin más. Ahora todo el mundo tiene una cámara digital o un teléfono que hace fotos. Vivimos un momento muy extraño en lo que se refiere a esto. Hace unas semanas estuve en el museo del Louvre y sinceramente no creía lo que veía. Alrededor de obras como la Mona Lisa había todo una plaga de paparazzis que no paraban de hacer fotos, constante y frenéticamente. Antes de entrar en cada sala hay un cartel (aparentemente invisible) prohibiendo hacer fotos y mucho menos con flash. Me pareció muy interesante (y triste) observar a esta muchedumbre histérica y me di cuenta de que casi nadie miraba el cuadro, sólo a través de las pantallas de sus cámaras.

¿Qué sentido tiene ir a un museo y hacer esas fotos cuando hay postales, catálogos o imágenes profesionales on line? ¿Dónde está el placer que la vista nos puede ofrecer? No es la primera vez que esto me llama la atención pero nunca me pareció tan exagerado. Me dejó algo descolocado y aún pienso en ello.

B.B.: Ya hace tiempo que en el arte (como en la moda, etc.) hay una sensación de que todo vale y de que cualquier paja mental es válida porque sí. Y la verdad es que basta con ir a cualquier museo para comprobar que es verdad, que a veces parece que buscan “el más difícil todavía”. ¿Cómo va la movida en la fotografía?
C.A.: El arte es un reflejo del tiempo en el que vivimos: en los cines se proyectan muchas películas malas, las librerías están llenas de libros pésimos, las listas de la música más escuchadas son terribles… prefiero orientar mi energía y tiempo hacia lo que mueve alguna neurona en mi cabeza o me provoca alguna sensación en el estómago. Intento no volverme muy ácido al respecto porque de vez en cuando uno se encuentra algún regalo que te hace seguir creyendo en el arte.

B.B.: Ahora que están tan en boga las fotos de personajes famosos en todas partes dime ¿a quién te molaría retratar a ti y en qué situación?
C.A.: No tengo el deseo de retratar a ningún personaje famoso pero no me importaría hacer alguna fotografía de gente como Bush o Mahmoud Ahmadinejad entre rejas.

B.B.: Enanos vestidos de luces, niños lobo, intervenciones en cuartos oscuros, no eres precisamente el fotógrafo de lo cotidiano… ¿Te va el rollo “lumpen”? ¿Te aburre la ‘normalidad’? ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?
C.A.: La normalidad es un concepto bastante relativo y no tiene sentido aburrir a los lectores de esta entrevista explicándolo. Si observas con detenimiento eso que llamas cotidiano deja de serlo para convertirse en extraordinario o inhabitual. Al revés pasa lo mismo.
Lo que más me gusta de mi trabajo es el modo en que me hace enfrentarme y relacionarme a la realidad y el tiempo que me ha tocado vivir.

B.B.: Y cuando sales de los círculos artísticos, ¿cómo te ve el resto del mundo? ¿Qué opina tu madre, por ejemplo? ¿Le gusta lo que haces?
C.A.: ¿Qué círculos artísticos? Si por “el mundo” te refieres a mis amigos, la familia, la panadera,… supongo que unos días me ven mejor que otros. Respecto a mi madre, ¡¡me adora!! (risas). En la primera inauguración a la que vino se presentaba a la gente diciendo “hola, soy la madre del artista” y yo me moría de vergüenza. Ahora me enorgullece.

B.B.: Como este número va de maldades: ¿Sacarías una foto comprometida para joder alguien? En España lo hacemos constantemente, y la gente que lo hace se llaman paparazzis.
C.A.: No sabía que este número iba de maldades. Me pregunto que haces entrevistándome a mí cuando hay una lista muchísimo más interesante y realmente malvada que podrían contarte muchas historias interesantes.
También sé que la gente que fotografía a famosos se llaman paparazzis, termino proveniente de Paparazzo, un personaje de la Dolce Vita de Fellini. No me interesa en absoluto el tema.

B.B.: Ajá, ¿para cuándo una nueva composición picante de las tuyas? Te voy a sugerir el cuadro: podría incluir a Mª Teresa Fdez. de la Vega, Rajoy, Yola Berrocal, Ana Botella y Nacho Vidal, entre otros. No me digas que no lo ves de World Press Photo 2008…
C.A.: Pues no me parece mal, pero te propondría a ti en medio de tanta carnaza ibérica. ¿Te apuntas?

B.B.: Yo me apunto a un bombardeo. Pero cambiando de tema y para finalizar, ¿qué es lo nuevo que preparas? Cuéntanos un poco.
C.A.: Normalmente trabajo en varios proyectos al mismo tiempo. Siempre lo he hecho así. En estos momentos preparo una nueva serie de obras para exposiciones que realizaré el año que viene en Sudáfrica y en México. También preparo un documental con un director belga que espero salga adelante. Es todo un reto porque es la primera vez que hago algo así. Además, si lo podemos materializar, se rodará en España y eso me apetece mucho porque me estoy convirtiendo en un “guiri”.