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Más tarde, se reúnen como compositores en busca de nuevas ideas que empiezan a fluir sin cesar, iniciando, Emi y Javier, un proyecto como dúo y grabando una primera demo.
El proyecto Loveless face comienza a gestarse a finales de 2006. Emi, responde a un anuncio como cantante para un grupo de influencias pop-rock. Inmediatamente pasa a formar parte del mismo y así conoce a Javier Alonso, guitarrista de la formación.
Más tarde, se reúnen como compositores en busca de nuevas ideas que
empiezan a fluir sin cesar, iniciando, Emi y Javier, un proyecto como dúo y grabando una primera demo.
Pasado un tiempo son seleccionados como finalistas del concurso de maquetas: Foc & sound 07, donde no vencen, pero convencen. Poco a poco, Javier Alonso acaba por abandonar la formación y Víctor Algora y Carlos D. Orive se unen al proyecto para preparar el nuevo ataque de Loveless face.
Hablamos con Emi, el cantante de la banda.
Blabla: Tu puesta en escena es… bueno, yo creo que no deja indiferente a nadie. ¿Qué te ocurre exactamente en el escenario? ¿Tienes ataques místicos como Santa Teresa o simplemente sabes que es una buena forma de llamar la atención?
Loveless face: Invoco a un espectro ignorado por muchos, pero vital para la “mise in scene”: El miedo. Es decir, sobre el escenario, mantengo un duelo con el miedo. Ese enfrentamiento, que no es más que la lucha contra tu propia vergüenza, es lo que mantiene vivo al espectador y hace posible la credibilidad del espectáculo.
B.B.: ¿Y si te digo que sonáis a Morrissey? Estarás aburrido de oírlo, nada nuevo bajo el sol, vamos.
L.F.: Es cierto que el público siempre tiende a la comparación, algo que de algún modo, alivia a la sabiduría del respetable. Claro, que… si las comparaciones son odiosas para unos, las buenas comparaciones, en este caso, alivian a otros. No me importa la comparación, dado que el hecho en sí sugiere algo, y eso ya es todo un logro, ¿no crees? Es más, no soy ahora mismo el único artista que sugiere alguna que otra comparación de pasado o presente. Realmente, en la actualidad, somos cada vez más los comparados con otros: alguien o algo; humano o animal; etéreo o tangible, o vivo o material… En fin, cuando canto, no tengo presente ninguna imagen en cuestión; lo que sale es lo que hay, para que toméis o dejéis.
B.B.: Siguiendo con Morrissey, allá por los 80 el entonces muchacho mancuniano revolucionó la escena pospunk inglesa con sus letras tristes y sus poses de desmayo. Y como conclusión todos sus fans (boys & girls) se querían acostar con él. Imagínate que te pase algo así…
L.F.: Pues si pasara algo así, sí que acabaría imitando a Morrissey de manera consciente, porque él, (no sé porqué motivo) declaró, proclamó o inventó ser asexual. Entonces, si conmigo se diera el caso, no dudaría en imitarlo en ese sentido, con el fin de evitar un excesivo gasto de espermatozoides, vitales para la puesta en escena, que es, al fin y al cabo, lo que realmente ellos quieren de uno.
B.B.: Tienes toda la pinta de ser el tipo de persona que cree que la música le puede cambiar la vida a las personas, ¿me equivoco?
L.F.: En definitiva, Loveless face, (es decir: la cara del desamor) es un mensaje en sí. Creo que en el arte, siempre hay que dar mensaje o plantear paradoja, ya sea tajante o soterrado, pero es importante, dado que el arte es en sí, el mejor vehículo que tenemos para la consciencia humana, y es nuestro deber aprovechar todas y cada una de las posibilidades que nos da. Mi mensaje, es de amor, libertad, y esperanza de igualdad. Sí, quiero. ¿Cómo?, es lo que jamás debo revelar.
B.B.: Las canciones de Loveless Face son:
Dignas del cartel del Festival de Glastonbury
Dignas de encabezar el top 5 de todas las listas
Dignas de figurar en el IPod del más cultureta
Indignas
L.F.: Indignas de figurar en cualquiera de los anteriores puntos, para ser dignas de ser oídas por aquellos que merecen escucharlas.
B.B.: Me imagino que habrá algún grupo/elepé, etc. que haya triunfado y que tú consideres malo de cojones… Sé un poquito malvado. Mójate y dime a quién le dirías cuatro cosas.
L.F.: Son tantos los fracasos tenidos por triunfos, que podríamos estar horas y horas dando vueltas en torno al mal gusto de los que poseen la vara de mando en el malogrado imperio de la música. Sin embargo, no es algo que deba acomplejarme, como el caso de lo que suele suceder en los concursos “de ayuda”. Sabemos que es algo que siempre estará ahí; puede más el deseo de gustar que gustar realmente, es decir, los agraciados en llegar al público, son los que mejor conviven con la hipocresía; los que mejor se llevan con el mundo exterior, los que menos mundo interior contienen.
B.B: ¿De dónde saca Emilio ese tremendo chorro de voz? ¿De su papá o de su mamá?
L.F.: De Mamá. Ella siempre me contó que, de niña, en su pueblo, se tiraba todo el día cantando sus “coplillas” y sus cosas, cuando lavaba su ropa en el río o jugaba con sus muñecas de barro… y una vez le llegó un representante con el proyecto de hacerla una estrella. Pero ella no supo combatir con su propio miedo y lo desestimó. Es lo que yo intento hacer, cantar por ella y hacer que, de algún modo, su voz sea oída a través de su hijo. Mi padre, sin embargo, quiso ser torero…
B.B.: Al escuchar canciones como 98, me asaltan sensaciones dispares: desde el teatro, el circo, la música de carretera, la rapsodia, bueno, es un tanto inclasificable, ¿Qué reacción buscas en la gente que escuche tus canciones?
L.F.: Busco sensaciones dispares, como tú dices. Es importante para la catarsis y la comunión entre el público y artista en escena, la variedad. Puedes escoger un estilo en concreto, pero dentro del mismo, tenemos que sorprender como sea. ¿Qué somos si no somos capaces de sorprendernos los unos a los otros? No ofrezco nada nuevo, porque tengo claro que todos los patrones de ritmos y folk del mundo, ya están hechos. Lo que jamás voy a hacer es desafiar eso, como el caso de Radiohead (en discos como “Kid A” o “Amnesiac”) y otros muchos, que se pierden en la inútil búsqueda de cambio e innovación en los ritmos, divagando como borrachas y olvidándose de lo más importante: la idea. Entonces, la innovación y cambio son realmente la idea; la forma de hacer que la gente imagine. Lo previsible nos está invadiendo y perdiendo en la “in-sensiblería”. No somos nada sin la capacidad de sorpresa y misterio. Digamos como dijo Oscar Wilde: “La diversidad de opiniones hace que la obra esté viva”
B.B.: En el vídeo de “I’m not the man” juegas con tu lado femenino, ¿qué tal la ha sido la experiencia travestí? Parece que la lencería no te da ningún miedo, jaja.
L.F.: En efecto. No es nada nuevo para mí, y eso salta a la vista en el vídeo. Ya me he dejado travestir en más de una ocasión, unas por motivos de trabajo y otras por mero placer… como ésta. Ahora me he dejado travestir por los chicos de Mutador, y ha sido todo un placer, porque al mirar fijamente a los ojos de Manu y Rico, y después de un gran trabajo realizado en “Paraguas” de Algora, sabía perfectamente a quienes me encomendaba. Cuando me comentaron la idea, no dudé que se trataba de algo que no puedes hacer con cualquiera. Hay que saber con quién lo haces; quién puede captar lo mejor de ti y sabrá dar un enfoque con clase y buen gusto, que es, sin duda, el resultado del vídeo: “I´m not the man”. Verse, en ocasiones, en el lado contrario al sexo de uno, siempre revitaliza personalmente a quien lo experimenta y da placer a quien lo ve. Por otro lado, la eterna pregunta acerca de la identidad sexual del individuo, evoca un efecto de ambigüedad, de vital intriga para el espectáculo; el constante cambio de máscaras, que mantendrán viva la fiesta de carnaval. Que no me sepan identificar o crean hacerlo y la duda… me mantendrán en mi sitio.
B.B: ¿Qué es lo próximo que nos depara Loveless face? ¿En qué estáis trabajando ahora o qué línea vais a seguir?
L.F.: Nunca habrá una línea definida en Loveless face, así como la incertidumbre de lo que me depara la providencia está por ver. Deseo llegar a muchos corazones: solitarios y acompañados; congelados y arropados. Quiero hacer una gran gira. Una gira que me lleve por todo el mundo y que acabe en mi propio ser. Un espectáculo: ameno, directo y completo; la materialización del sueño. De no ser así, mejor estar muerto. 98

