Calentura sin límites

personaje

Un curiosísimo hecho nos llamaba la atención a principios del mes pasado. Los automovilistas que, a última hora de la tarde, circulaban por la autovía gallega de Ferrol-As Pontes se toparon con un extraño viajero. Su compañero de vía no era ningún otro coche, ni una moto, ni un camión. Era una camilla motorizada dirección San Sadurniño; y a una velocidad nada desdeñable, teniendo en cuenta las posibilidades del aparato.

La Policía Local de Narón fue alertada de inmediato y una patrulla enfiló el camino, logrando interceptar el inusual vehículo a la altura de Doso, en torno a las nueve de la noche, cuando ya había recorrido alrededor de 10 kilómetros desde la entrada en la rotonda de Catabois.
“Iba a echar un quiqui“. Así, sin cortarse ni media, se dirigió José Antonio Navarro a la autoridad cuando le obligaron a detener su silla motorizada, en la autovía, repetimos. “Me pasé el cruce”.

Los agentes no daban crédito. Habían estado persiguiendo una camilla conducida por Antonio Navarro, un residente del Centro de Atención a Minusválidos Físicos (CAMF) de San Pedro de Leixa, que tiene reconocida una minusvalía del 95%. ¿Qué quiere decir esto? Pues que condujo su vehículo con la boca en plena autovía, así, con un par.

A sus 42 años, Navarro no se ruboriza al reconocer que se dirigía a un puticlub próximo al centro en el que reside. Quería un poquito de jarana. “Tengo parálisis cerebral desde los cinco meses de edad”, cuenta. Pero esto no le merma ni un ápice de apetito sexual. “La gente aquí está a muchos años luz de todo – declara – y se creen que por el mero hecho de estar en una silla no podemos… y eso me molesta”, ¡olé ahí!

José Antonio sueña con encontrar una novia: “Me gustan morenitas y con rasgos indios, pero prefiero que me entren ellas porque soy muy tímido”. En cambio, deducimos que esa timidez suya se desvanece a la hora de desplazarse… Por otra parte, consciente de sus limitaciones, dice que no le queda más que recurrir a la prostitución. ”Ya estuve hace tres años allí”. Pero entonces no consumó el acto porque “no pude entrar en la habitación con la silla”. En su opinión, los clubes de alterne deberían estar adaptados.

Antonio, natural de Valencia y de etnia gitana, no pretendía realizar una proeza, ni mucho menos. Según declaró sólo quería tomarse unas copas en el club ‘Jade’, pero se despistó en una rotonda y se metió en la autovía. Una vez cometido el error, decidió seguir hacia delante para no poner en peligro al resto de automovilistas. Y como le debió coger el gusto, al parecer, cuando el coche policial se puso a su altura, aceleró la camilla. Pero sólo fue un gracejo. Poco después, paró, comentó a los agentes lo ocurrido y aseguró no haber bebido.

Como guinda, el bueno de Antonio Romero aprovechando la oportunidad de la presencia de los medios quiso poner de manifiesto su queja sobre las calles de Ferrol. “Ya podían arreglarlas, porque esto está muy atrasado”, sentenció, añadiendo que para las personas con problemas de movilidad como él resulta muy complicado andar por el centro. Además, no descartó volver a intentarlo cualquier otro día, cuando esté de humor.
Por Xurxo O.