Siempre lozanas
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Los viernes por la noche ponen en el canal Cuatro el programa “Desnudas”. Se supone que este espacio ha surgido para hacerle la competencia a Cambio radical, de Antena 3, que está basado a su vez en el norteamericano Extreme Makeover, en el que mujeres y a veces también hombres, se pasan 2 meses incomunicados y sometiéndose a sucesivas operaciones plásticas hasta acabar radicalmente distintos, con piños, tetas, culos y pelos nuevos. Da miedito.
Por su parte, la cadena Cuatro, siempre con un tono más juvenil y dando otra vuelta de tuerca, ha apostado por prestar ayuda estética (sólo) a las féminas sin tener que hacerlas pasar por quirófano. El programa va de unas mujeres que no es que no se encuentren cómodas con su cuerpo, sino que lo que sienten es una fuerte repulsa hacia él. Para hacer que esta situación cambie, en Desnudas cambian equipos médicos por brigadas de estilistas.
El programa lo presenta Juanjo Oliva, un diseñador de moda muy sentido, que se pasa todo el tiempo justo detrás de las invitadas agarrándolas por los hombros, susurrándoles consejos con tono de sacerdote y apretándoles la mano cada vez que éstas se tienen que mirar el espejo, en bragas y suje; se ve que para apoyarlas. Parece ser que se trata de una especie de terapia de choque, ¡aceptación!, ¡aceptación! Por ahora la dinámica ha sido la misma en los 2 programas que llevan. Cogen a la hembra en cuestión y la comienzan a moldear. Para ello realizan acciones del tipo: poner una ampliadísima foto de la interesada en paños menores y sin cabeza pegada a la mediana de un edificio de la madrileña plaza de Santa Ana y entrevistan a los transeúntes, invitándolos a que hagan comentarios. Todos coinciden en que ella está estupenda; las mujeres afirman que cambiarían sin dudarlo alguna parte de su anatomía por la de la modelo y los hombres se relamen mientras murmuran “femenina, femenina…” También hacen que la invitada ocupe el que crea que es su lugar en una fila formada por mujeres vestidas con lencería y de medidas similares a las suyas y resulta que la pobre siempre se equivoca en un par de tallas de más, no olvidéis que estamos hablando de mujeres destrozadas psicológicamente.
También la llevan a varias tiendas de moda y le ponen primero, ropa que le sienta súper mal y luego prendas que le favorecen, así los telespectadores pueden ver el brutal contraste y ella descubre las delicias de llevar un palabra de honor, sandalias de cuña o un pantalón pitillo, es casi mágico.
Aunque la labor de Juanjo es encomiable he de decir que de la troupe, mi preferida es Rosa Díez Suárez, la corsetera, que trata a estas incautas como si fuesen ternerillas, dándoles meneos y enérgicas nalguetadas y de la que siempre destacan que cuenta con 30 años de experiencia, es lo suyo, porque ya ser corsetera no me digáis que no es meritorio y serlo durante 6 lustros es para sacarse el sombrero, en mi opinión.
Al final, los resultados son siempre de Hollywood, Juanjo da un abrazo final a la ya renovada mujer y ella lo mira como pensando “pero una palabra tuya bastará para sanarme”.
En fin, yo os digo que es casi una suerte esto de que no acabe de llegar el buen tiempo, de no ser así no podíais quedaros en casa los viernes la nuit, comer palomitas y ver Desnudas, en Cuatro, dramas reales.
Por Xurxo O
