A mí me desvirgó Erika von Schlütow cuando yo tenía catorce años, ella por aquel entonces rondaba los cincuenta y estaba a punto de convertirse en abuela.
Want to buy some illusions,
Slightly used, second-hand?
They were lovely illusions,
Reaching high, built on sand.
The had a touch of Paradise,
A spell you can’t explain:
For in this crazy Paradise,
You are in love with pain.
“¿Quieres comprar ilusiones, ligeramente usadas, de segunda mano?”
A fecha de hoy todavía me produce escalofríos ver a Marlene Dietrich en “Berlín Occidente” (A foreign Affair), una comedia negra dirigida por el gran Billy Wilder. Fue la primera vez que me corrí sin tocarme; un año después se encargaría Nuria de desvirgarme como Dios manda. Cuando ningún chico de mi edad sabía lo que era la gramática inglesa, ella se encargo de hacerme saber bien, pero que muy bien, lo que era la disciplina inglesa.
Anoche volví a tener una cita con Erika-Marlene, con su voz ronca y masculina, con su melena rubia peinada en ondas y sus ojos violetas y entrecerrados, con el humo de sus cigarrillos y con su cínica desilusión. La misma desilusión que arrastro desde hace más de diez años y que este verano se ha visto acrecentada por una sensación de angustia. La angustia de tener la inevitable certeza de que estamos o estoy asistiendo al final de una época, a la caída de nuestro propio imperio romano, del fin de nuestro mundo clásico.
¿Recuerdan el incidente del crucero catalán, del “Jules Verne”, de ese crucero de lujo para nuestra acomodada clase media española que recogió a un grupo de inmigrantes subsharianos en mitad del Mediterráneo, en medio de nuestro “Mare Nostrum”?. El viejo y barbudo escritor no podría haberlo imaginado mejor, me hubiera gustado saber como habría actuado mi idolatrado Capitán Nemo en esa situación, ya saben ustedes, que tengo querencia por la figura de ese barbado príncipe hindú adorador de la diosa Kali, la destructora. Se los habría llevado a bordo del “Nautilus”, hubiera hecho de ellos parte su tripulación, les habría invitado a recorrer sus 20.000 leguas de viaje submarino, como hizo conmigo o solamente les hubiera arribado en las costas de cualquier isla del fin del mundo. Eso nunca lo sabremos. Lo que es cierto es que cada día y con mas frecuencia, los “limes”, las fronteras de nuestro propio imperio romano, de nuestro civilizado mundo clásico son asaltadas, y ya no existe ningún muro de Adriano capaz de contener a aquellos que viene atraídos por el brillo de latón de nuestras acrópolis paganas.
Al igual que se instaló en el mismo corazón de la Urbe la religión del crucificado, imponiendo su inflexible dogma y sometiendo a las instituciones políticas bajo su mitra, así nosotros hemos permitido que los logros de la Revolución Francesa, la separación del poder político y religioso, se convierta en un hecho del pasado, en una anécdota para ser relegada a los libros de Historia junto a la cronología de los “Doce Cesares” de Suetonio o “La Eneida” de Virgilio.
Y avanzamos de una forma lenta pero inexorable hacia un destino desconocido de consecuencias imprevisibles, en el cual descubriremos que los dioses de tutelares del Palatino nos han abandonado, avanzamos hacia un destino en el que ya no será fácil lograr un equilibrio entre el Eros y el Tanatos, entre lo apolíneo y lo dionisiaco, un destino en el cual, como descubrió el emperador Adriano, el hombre, nosotros mismos, descubriremos lo solos que estamos.
Ahora que poco a poco las luces de los focos que alumbraban la actuación de mi alemana favorita se van desvaneciendo, y sólo me queda el olor a tabaco americano de contrabando y las manchas de sudor de las chaquetas militares, ahora, poco a poco, está amaneciendo sobre las ruinas de ese Berlín imaginario, esa capital humillada que iba a convertirse en la nueva Roma de un reich milenario y terminó siendo una mártir más de las hordas bárbaras que la arrasaron desde el frente ruso.
Ahora, desgraciadamente, sólo nos queda preguntarnos quiénes son los bárbaros. Y no sé ustedes, pero yo tengo pánico por conocer la respuesta.
Por Joseba Aranzueque
