Javier Rico: Maníaco del arte

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La vida del artista es difícil. ¡Qué manía, siempre lo mismo! – pensaréis. Pero es un hecho. Parece ser que Javier Rico sabe bastante de dificultades, o al menos lo parece. Repasando su obra de nos encontramos con cuadros un tanto tenebrosos, como de ciencia ficción, con gente medio moribunda, naturalezas muertas (o casi pochas), algunos hechos con lija y papel de estraza… Los cuadros de Rico gustan por su juego de texturas y formato, enorme, aunque no tanto como para que no te quepan en casa.

Blabla: Siluetas difuminadas, personas ensombrecidas, soledad… Muchos de tus cuadros transmiten (o por lo menos a mí) un punto de sufrimiento… ¿nunca te ha dado por pintar, no sé, plantas tropicales o jovencitos comiendo helados en un paisaje veraniego?
Javier Rico: Jamás… no sería un medio en el que me sintiese cómodo. Pinto lo que llevo dentro y necesito proyectar de alguna manera hacia el exterior. Tampoco me he parado a analizar porque este tipo de pintura y no algo ‘más alegre’. Simplemente surge… Que sean otros los que intenten ver conexiones Freudianas con mi padre o mi madre… o cualquier otra simbología digna del psicoanálisis.

B.B.: ¿Por qué esa manía de los artistas en plasmar ese rollo atormentado? ¿Crees que triunfa más? ¿Qué es casi como imperativo en un creador que se precie?
J. R.: Aparentemente puede parecer que mis cuadros encierran dolor y sufrimiento, pero la realidad es otra. Generalmente reflejo situaciones que evocan diferentes emociones, según el estado de ánimo de la persona que lo esté viendo. De esta manera, un mismo cuadro puede evocar un sentimiento de frustración y rabia o de alivio y felicidad dependiendo del momento anímico del interlocutor. Tampoco creo que nadie intente dar un determinado tipo de enfoque a su obra por el simple hecho de triunfar o de tener más notoriedad, creo en la espontaneidad del arte como vehículo para expresar emociones o sentimientos. Si algo se planea demasiado pierde frescura.

B.B.: ¿Eres fumador compulsivo? Porque o eso o has tenido una paciencia que ni Job para poder reunir miles de colillas e incluirlas en uno de tus cuadros…
J. R.: Si, debería dejarlo…jajajajaja. En realidad fue una etapa de experimentación con nuevos materiales y en la cual, no sé por qué, me empecé a fascinar por las distintas formas que la gente tiene de fumar: los gestos, la forma de coger el pitillo, de soltar el humo… Y decidí plasmarlo todo en una obra casi faraónica que se titula ‘Nada’. ‘Nada’ habla de todos esos gestos y formas que al final, cuando se acaba el cigarrillo, se pierden como el humo que se escapa entre las manos. La base sobre la que está pintado es una alfombra de más de 10.000 filtros de colillas. Una forma de atrapar el instrumento de devoción por el cual nació esta pequeña “obsesión” que me llevó más de 9 meses… Una locura.

B.B.: Imagínate que por un momento te da un arranque y te dejasen quemar una obra de arte conocida, ¿por cuál de decantarías?
J. R.: Muchas…pero sin lugar a dudas ‘Mesa con despacho’ de Tàpies…jajajaja… haría una pira perfecta.

B.B.: Es que mira que hay mamarrachez por ahí en los museos, exposiciones y escuelas de Bellas Artes. ¿Te sientes estafado muy a menudo?
J. R.: Realmente a veces resulta ofensivo ver determinadas cosas colgadas por ahí. Pero esto es así, cualquier día cuelgan algo tuyo y seguro que hay gente que tiene esta misma sensación. El arte es algo bastante subjetivo y desgraciadamente está marcado por las leyes del mercado. Si algo tiene salida, por muy ridículo que sea o parezca, estará encumbrado mucho antes que la obra de otro artista que, por muy bueno que sea, no encaja en este gran supermercado. También es cierto que el arte se está convirtiendo en un vehículo provocador más que en la admiración por lo estrictamente bello… y en este ámbito, casi todo tiene cabida.

B.B.: ¿Crees que los cuadros aún le interesan a alguien o que (como he oído hace poco en una inauguración en el Reina Sofía) lo que importa es que combinen bien con el resto del mobiliario?
J. R.: Jajajajaja… He tenido casos de gente que quería adquirir obra mía y me preguntaban si determinado cuadro lo tenía en tonos más azules para que le combinase con las cortinas del salón. El mercado está lleno de gente así, que busca decorar su casa, o simplemente que compra arte por inversión. Es un sector, a mi entender, bastante prostituido. Un cuadro es algo más que un mero objeto, es algo que transmite sensaciones y evoca sentimientos… una punzada en el fondo del cerebro. Lamentable la realidad es otra…

B.B.: ¿Y como ves las iniciativas tipo ARCO? ¿Realmente sirven para ayudar a gente que empieza o dirías que se trata de repartirse el botín siempre entre los mismos?
J. R.: Realmente no creo que valga para dar salida a ningún nuevo valor. Simplemente es una gran FERIA, en el sentido estricto del vocablo.

B.B.: Tengo un primo que es artista que dice que el arte no es más que un mercado de valores. ¿Y tú?, ¿te has desencantado ya?
J. R.: Jajajajaja… para nada, pero tu primo tiene mucha razón. A mi me gusta pintar por el placer de hacerlo y de poder sacar hacia fuera parte de los diablos que todos llevamos dentro. No me preocupa si gusta o no gusta… con tal de que yo quede satisfecho con el resultado, me vale.

B.B.: Además de pintar y esculpir también te dedicas al diseño industrial y al gráfico. ¿Con qué te quedas? No me digas con todos porque no me lo creo…
J. R.: Pues es cierto, aunque realmente prefiero la pintura. Digamos que es una manera de separar mi parte racional de la irracional. Cuando diseñas, el resultado final es exactamente idéntico al que tenías en la cabeza antes de plasmarlo. Cuando pinto, esto no ocurre. Partes de una idea o de la representación de lo que quieres plasmar, pero a medida que trabajas sobre ello, hay un componente irracional que va, sin querer, moldeando la obra. Cuando la tienes terminada es cuando ves la diferencia.

B.B.: ¡Venga! ¡Véndeme uno de tus cuadros!!
J. R.: Jajajaja… Si ves algo que te gusta… pues hablamos…

Por Xurxo O.

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