Kit Kat Club - Berlín
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Si vais a Berlín y realmente queréis vivir el espíritu de la urbe en vuestras cachas es casi obligado que os acerquéis al Kit Kat, porque el Kit Kat es un club que no veréis en otras ciudades. Muy famoso por lo digamos “liberal” de su clientela y porque casi todo vale, siempre que, eso sí, respetéis unas normas, recordad que hablamos de Alemania. Hay que decir que no es nada fácil de encontrar. En la página web ni viene la dirección. No es necesario que vayáis como una moto ni nada parecido, porque como expedición antropológica no tiene precio, la verdad. Yo os voy a hacer una síntesis sobre lo que allí se vio en la noche en la que me dejé caer.
El Club Kit Kat nace bajo la influencia de las SUNRISE BEACH PARTIES de finales de los 80 en GOA, del ambiente de intercambio sexual que predominaba en varios clubes SM (como el RotKreuz-Club de Berlín) y de la ideología de este staff, que tiene como preceptos absolutos conceptos como la liberación, la comunicación y la libertad, fundidos en una fiesta que ofrece a la gente la posibilidad de expresarse sexualmente de la forma que prefieran, de una forma divertida y muy social, o sea, en una discoteca, básicamente. Hay que señalar que se trata de un local en el que las apetencias están mezcladas; todo el mundo folla con quien quiere. Punto.
El Kit Kat ha tenido varias ubicaciones, ésta última se encuentra realmente apartada del centro, en el barrio de Tempelhof, en el 2-14 de Bessemerstrasse. La mudanza se ha debido a un malentendido con los dueños del, parece ser que fantástico, anterior local. Esta última reinterpretación, que data de 2001, se encuentra en la antigua fábrica de cerveza Schultheiss, entre las vías del S-Bahn de Schöneberg (la estación de cercanías más cercana es Papestrasse, línea 45) y bajo el corredor de entrada del aeropuerto de Tempelhof. Dos antorchas encendidas indican el portal de entrada.
Una vez franqueas el portalón, te diriges a la izquierda y te encuentras con una cola de entrada al club, la antigua fábrica. En la puerta se produce una estricta selección. Hay una tía subida a un taburete alto que va diciendo quién pasa y quién no. El código del vestir es fundamental, debes estar al loro sobre la sesión a la que vas; viernes, sábado o domingo, pero normalmente todo lo que sea cuero, goma, correas, arneses, vinilo y carnaza en general es más que bienvenido, yo me encontré con gente llorando por no cumplir los cánones, muy fuerte. Se supone que si vas en vaqueros, camiseta y zapatillas no entras, por aquello de que hay que romper con la monotonía cotidiana.
El local es grande, la pista central de la planta baja tiene 500 m2 y también hay una zona con sillones para que te relajes viendo el percal mientras te bebes algo. A los lados hay barras con camareros simpatiquísimos y las copas valen 5€. Hay unas escaleras que llevan primero a una especie de entreplanta chill-out y luego a otra planta, con otra pista de baile más pequeña y con menos circo. Toda la decoración tiene un toque muy berlinés, entre graffitero, okupa, sucio e industrial. Donde más se aprecia es en la terraza, en la planta baja, con una parte cubierta inicial que está llena de sofás y somieres destartalados donde la gente charla o directamente se ponen a chingar y que acaba en lo que allí denominan un Strand Bar o chiringuito playero, abierto, lleno de arena, piscinas de plástico tipo Toy, una fuente con forma de pene y una cabina de Dj para la sesión matinal.
La música es techno, más o menos fuerte, pero desde aquí os digo que no le prestaréis demasiada atención. En cuanto al público, hay de todo. Desde gente que se lo toma en serio y va a lo que va, hasta víctimas de la moda amantes del fetichismo-chic. Hay parejas heterosexuales buscando cacho, exhibicionistas parejas gays en busca de amiguitos, tías guapísimas que pierden la cabeza sin previo aviso, artistas del fellatio, gente muy muy pasada, mirones, esquizoides, gente total, bakalas, nudistas… Pero lo importante es que mientras sigas unas pautas, que se podrían resumir así, nunca pasa nada:
-Tienes que pedir permiso antes de unirte al cuadro que te apetezca.
-Si te dicen no una vez has de pirarte.
-Si te atacan frontalmente y no te interesa declinas la invitación con ese mismo no.
Si seguís estas sencillas indicaciones os aseguro que el buen rollo está garantizado.
El mogollón de la primera sesión suele empezar a eso de las 11:30-12 y se alarga hasta las 8:00 a.m. La matinée comienza a las 8 de la mañana, hora en la que la mayoría de los alemanes optan por tomarse un café allí mismo (como lo oís) y dura hasta las 6 de la tarde. Y hasta aquí puedo leer, obviamente no os voy a contar mis experiencias porque no me da la gana y porque es mejor que viváis las vuestras, en vivo y en directo. ¿Qué?, ¿os pica el gusanillo?
Por Xurxo O.
www.kitkatclub.org