De lo sucio y lo limpio
historias
Mientras me arreglo la barba tras la ducha de rigor y con la toalla, también de rigor, anudada a la cintura, me viene a la cabeza el uso que otorgamos a las palabras limpio y sucio. Curiosos usos.
Hablamos de guerras sucias como si alguna guerra hubiera sido alguna vez limpia, y aquí no voy a entrar en cuestiones de política, porque sería rizar el rizo del significado sucio, entiéndanme ustedes, no voy a ensuciar más el propio significado de la palabra política.
Hablamos de sexo sucio para referirnos a todo aquel sexo que realizamos fuera de unas pautas o normas preestablecidas por la sociedad o santificadas por el sagrado sacramento del matrimonio, es decir, el sexo sucio sería aquel que mantenemos con toda aquellas personas que no sean nuestra esposa o esposo, independientemente de que estas relaciones y este sexo se realice de una manera libre, pactada, en igualdad de condiciones y sabiendo cada cual lo que hay o lo que puede haber y hasta donde se puede llegar con la otra persona. Vamos, que todos tenemos claro con quien nos estamos metiendo en la cama y cuales son sus circunstancias personales y hasta laborales, si me apuran.
Hablamos de dinero sucio para calificar todo aquel dinero que no ha sido ganado de una forma honrada, aquel dinero que procede de los beneficios que genera el narcotráfico, la prostitución , el juego, el tráfico de armas y demás lindezas propias del mundo de la economía y las altas finanzas, pero nos olvidamos de que el dinero no tiene color, ni género. El color y el género se lo atribuimos nosotros y son nuestras manos las que le confieren un adjetivo u otro. Es acaso mejor el dinero ganado por una respetable empresa; que utiliza mano de obra infantil asiática para confeccionar las camisetas que tanto nos gustan, o aquél que ha ganado una puta con el sudor de su coño y que le permite dar de comer a sus hijos.
Hablamos de sentimientos sucios en contraposición de sentimientos puros, en este caso el adjetivo limpio lo hemos sublimado hasta la categoría de puro, y entendemos que esos sentimientos sucios serían todos aquellos que incluirían los aspectos sexuales, hipócritas e incluso cínicos hacia la otra persona. Bonita colección de sentimientos, no los querría yo para mí, o sí, todo depende de la situación y la circunstancia.
Podemos estar limpios y sentirnos sucios, limpios físicamente y sucios mentalmente o viceversa, que es lo que nos suele pasar cada vez que practicamos sexo, ya sea con nuestra bendita pareja o sin ella, terminaremos el acto en sí y estaremos sucios físicamente pero limpios mentalmente, una vez saciadas nuestras apetencias carnales, aunque este punto no lo tengo muy seguro, muchas veces lo que hacemos es acrecentar aún más nuestra suciedad mental y es que el sexo es lo que tiene, nunca se sabe cuando es limpio y cuando es sucio por mucho que intentemos teorizar sobre ello.
Y creo que voy a dejar de hablar de todo esto porque de limpio como estaba al salir de la ducha, ya me estoy empezando a notar más sucio que cuando entré en ella.
Por Joseba Aranzueque.
