Instis

historias

Me parto. Cómo nos viene la juventud de hoy en día, que diría mi padre. Nuevas tribus urbanas se van consolidando en nuestros pueblos y ciudades con paso fuerte. Siniestros, indies, rockeros, poperos, raperos/hiphoperos, modernuquis… Aunque he de decir que últimamente siento una especial debilidad por las “ratonas”. Unas muchachillas de maillot acampanado y grandes aretes dorados que enloquecen con la música techno y habitan en las zonas periféricas de las urbes. Hasta Bigas Luna, consciente de la proliferación de estas mozas les ha dedicado una peli. Quien quiera saber más sobre las normas de conducta de las ratonas que se coja un bus y se dé un garbeo por los arrabales.

Es lo que tiene hacerse mayor, que dejas atrás tus tiempos de adolescente, te vas aseñorando, y claro, pierdes la perspectiva. Y te olvidas de todas las locuras que cometiste durante la edad del pavo, porque, vamos a ver, en mayor o menor grado TODOS hemos hecho alguna cafrada durante esa etapa, mal que nos pese. Recuerdo que en mi colegio había un chaval que se tatuaba cosas en el brazo, lindezas del tipo: el nombre de la chica de la clase que le gustaba, cruces de David, esvásticas y demás paridas inconexas que se le ocurriesen. Y esto se lo practicaba él con una técnica muy depurada, que consistía en acribillarse la piel con la aguja de un compás en clase de dibujo; compás que previamente había empapado en un bote de tinta china. Angelito…

La verdad es que ejemplos de barbaridades pseudo-adolescentes hay mil: tenemos las simulaciones de suicidio, los cuelgues obsesivos de los críos por algún miembro del profesorado, masturbaciones a trisca y/o colectivas después de las clases de gimnasia (esto para los chicos), peleas más o menos brutales por motivos más o menos estúpidos y así un largo etcétera.

Y ya que estamos, también es interesante repasar esas pandillas que se gestaban antes en los institutos, auténticos templos de los enredos teenagers y, sin duda, el lugar donde los grados de gilipollez de los individuos alcanzan el súmmun. Más adelante, estas pandas podían tener continuidad en la universidad, aunque allí las cosas se tornan distintas. Allí todo se suaviza, se dulcifica, porque aunque dependa de la facultad en la que cada uno acabe, todo se da un baño de “culturetismo” que le resta diversión.

Pero los institutos, ¡oh, los institutos! Eso es otro mundo, señores. Decenas de jóvenes con pegatinas y poesías escritas en las carpetas, expuestos a diario a las argucias del resto. Escenas de sexo, envidias, romances, pasión u odio desenfrenado; todas las emociones imaginables que aún continúan teniendo cabida entre sus muros.

Para comenzar, recordemos el grupo de los “populares”, que aunque pasaron por el tamiz de nuestro país, se exportaron de las archifamosas películas de High School americanas. Aquí terminaron llamándose pijos. En mi época las señas de identidad de los pijos, los varones, eran los pantalones Levi’s 501 tobilleros, calcetines de rombos, jerseys Privata, polo Lacoste y zapatos castellanos. Iban en Vespino, adoraban la unidad de España, escuchaban a los Nikis y se enrollaban únicamente con sus alter egos, las populares o pijas. En realidad éstas no distaban mucho de ellos en look, si acaso por algún toque femenino tipo unos lazos de Don Algodón en el pelo o unas katiuskas de Snoopy. Este grupo representaba el ombligo del universo del centro docente y la gente los amaba y odiaba por igual, aunque yo creo que realmente todo el mundo en su fuero interno deseaba ser como ellos, porque se pensaban que eran ricos y que tenían un cierto estatus.

Otros dignos de mención son los hoy conocidos como frikis, que antaño se denominaban chapones, esos que siempre estaban apartados en el patio del recreo. Se caracterizaban por su tez lechosa, llevaban gafas y aprobaban todo con nota. Me consta que todavía existen varios tipos de chapones pero es cierto que, como nexo común, todos compartían unas aficiones bastante peculiares y ninguno de ellos comprendía el significado del término diversión, o por lo menos, lo que ello implicaba en esa época: una diversión bizarra, de “insti”. No participaban en ninguno de los guateques, no bebían, no fumaban, no bailaban y como consecuencia de esto, tampoco ligaban. Preferían relacionarse con los de su pequeño grupo y jugar al ajedrez, hacer derivadas o simplemente estudiar. Eran, sin lugar a dudas, el objetivo de todos los puteos y collejas y, en definitiva, la gente que peor lo pasaba durante estos años.

Los heavies eran grandes en número en aquel entonces. Luego casi llegaron a extinguirse, pero en la década de los 80 cuando grupos como Iron Maiden o AC/DC e incluso Europe y Poison sonaban en todos los diales, salieron como setas. Iban con melenas desgreñadas, llevaban pantalones elásticos, zapatillas J’Hayber y cosas de cuero. Los que yo conocí eran bastante tranquis, porque era a los punkis a quiénes les tocaba ser agresivos, después de haber visto varias veces Sid y Nancy en VHS y de haber escuchado a los Sex Pistols en sus casas. Estos últimos no llegaron a triunfar tanto como los otros, creo yo que era porque su caracterización de candados, y cazadoras repletas de tachuelas requería de más elaboración, sin contar que llevando cresta en España te prohibían la entrada al aula.

Luego estaban los rockers (o rockabillies) y los mods, tribus rivales entre ellas. Los rockers llevaban tupés, cazadoras beisboleras y un calzado espantoso llamado “bugis”, eran fans de los Stray Cats y de Loquillo y se inspiraban en la estética de los 50 y 60 americanos. Ellas eran más espectaculares con faldas avueladas tipo can-can, y lazos en el pelo, un cuadro. Los mods se vieron bastante menos, yo creo que ni siquiera ellos tenían muy claro lo que eran en la época, a algunos les gustaban los Beatles y otros se decantaban por grupos como The Jam o The Who y se suponía que debían de tener un aspecto entre moderno y británico/elegante, de los años 60, con flequillos, chaquetas americanas y zapatos en punta.

En fin, sin pretender abarcar tooodas las tendencias que componían este jugoso abanico de los instis, tan sólo espero haberos traído ciertos recuerdos y que os hayáis echado unas risas, que realmente era de lo que iba todo esto.

Por Xurxo O